Como parte del oficio de hacer historia, he llegado a comprender que el ejercicio de nuestra disciplina no se limita a recopilar datos y hechos aislados, sino a una labor de colaboración profunda con aquellos cuyas voces nos llegan a través de sus relatos, tradiciones y saberes. Los informantes, lejos de ser simples fuentes de información, son portadores de un conocimiento ancestral que se entrelaza con nuestro proceso de investigación. Cada palabra que nos comparten, cada tradición que nos relatan y cada conocimiento que nos transmiten lleva consigo la esencia de su cosmovisión. Sus aportes nunca deben ser vistos como una mera contribución factual, sino como una puerta abierta a la comprensión más profunda de las costumbres, las creencias y las realidades de las sociedades que investigamos.
En este sentido, es fundamental que los historiadores no los tratemos únicamente como receptáculos de datos o como fuentes de información, sino que les otorguemos un lugar activo como coautores de nuestro trabajo. Al integrarlos, reconocemos que su conocimiento va más allá de la simple transmisión de información.
Nuestros coautores, no son sujetos pasivos en el proceso histórico; son, de hecho, los verdaderos depositarios del conocimiento que permite enriquecer y dar forma a las narrativas que buscamos construir. A menudo, en el afán de reunir pruebas documentales, olvidamos que estas voces son las que dan vida a los hechos, y que las narrativas que producimos sobre el pasado deben llevar consigo un respeto por sus historias y por las formas en las que ven, construyen y comprenden el mundo.
Los historiadores en este proceso, tenemos la responsabilidad de ser más que receptores o compiladores de saberes; debemos fungir como mediadores, como interconectores que analizan estas perspectivas. El conocimiento compartido en este diálogo no es sólo un acceso a datos históricos, sino un viaje hacia el entendimiento profundo de las tradiciones que dan forma a las comunidades con las que trabajamos.
Al otorgarles voz, no solo les rendimos un homenaje a las tradiciones que mantienen vivas, sino que, en nuestra labor como historiadores, enriquecemos el conocimiento histórico y les otorgamos el lugar que merecen en la historia como creadores de conocimiento y guardianes de su historia.
Retomando lo anterior, quisiera dedicar este texto con profundo agradecimiento a la señora Cristina Hernández Ramírez (†), de Los Hernández, en el municipio de San Salvador, Hidalgo. Gracias a sus conocimientos, disposición y paciencia para compartir sus vivencias, pude adentrarme en las costumbres y significados de la región, lo que, en el año de 2022, nos permitió construir una investigación que se materializó en una publicación sobre las tradiciones funerarias de su comunidad. Sin su valioso apoyo, este trabajo no habría sido posible, y es a través de su voz que esta historia tomó forma.
“Los informantes, lejos de ser simples fuentes de información, son portadores de una cosmovisión que se entrelaza con nuestro proceso de investigación”…
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